36º Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz: Sonny Rollins

Sonny Rollins

El día más esperado llegó, todo Mendizorroza estaba expectante a que el octogenario neoyorquino, una de las cumbres del jazz, probablemente uno de los 4 0 5 mejores saxos de la Historia subiese a las tablas a demostrar lo que ya demostró en 2006 y en 2008 en el mismo festival. Nadie se quejaba de la tripitición del cabeza de cartel gordo, el del sabado, al que se guarda el día completo (todos los días hay dos conciertos, excepto el sabado en que solo tocaba él) y es que Sonny Rollins es mucho Sonny Rollins. Muertos Coltrane, Davis o Monk, uno de los grandes nombres clásicos a los que aspiramos ver en directo es sin duda el suyo.

Una ovación exagerada (en la que participé acólito perdido) nada más aparecer, sin empezar a tocar siquiera, dejó claro el respeto hacia una leyenda viva, un venerable ancianito, con cojera y camisa chillona. Y con él sus 5 acompañantes (guitarra, bajo eléctrico, bateria, percusión y trombón de varas). Empezaron con un Patanjali del que casi nadie se enteró (volumen bajo y era la canción en que la gente, yo incluído, estaba más por fotografiar a la leyenda que por escuchar).

La banda de acompañamiento pronto se mostró como tal, un tanto plana, dejando que solo brillase una estrella, llegando a momentos de ejecución hasta sosita, solo en los momentos de los solos mostraban lo que sabían hacer. No obstante aquel era el concierto del saxo. Con Proffesor Paul quedó claro que los soplidos, resoplidos y bufidos de Sonny eran suficientes para que rugiesemos, que la banda podía incluso irse en media canción que nadie echaría en falta a nadie. Quizás eso fue lo primero que detecté fuera del deslumbre. Después de Once in Awhile vino la estupenda Nishi, de su disco Sonny please, el disco que presentó cuando le ví por primera vez en 2006 y después del tema vino el descanso.  Muy majete nos pidió perdón por tener que descansar. La primera parte, hora y diez más o menos, acabó ahí. Llegó el momento de ir a comprar discos y coger bocadillos y katxis de cerveza. Yo me sentía emocionado por volverle a ver, sin embargo algo dentro de mí me decía que no estaba viviendo el concierto como en 2006. ¿Me haré mayor? Porque está claro que Sonny Rollins está en forma, a pesar de su aparatosa manera de andar.

La segunda parte empezó con Serenade y si bien todo sonaba perfecto yo no acababa de disfrutar del todo. La banda me parecía muy correcta, quizás demasiado, no me parecía un conciertazo a pesar de los solos de Rollins. Habían sido demasiadas las expectativas quizás, no sé, el caso es que el conjunto no me parecía redondo. Tocaron Why i was born y un larguísimo (incluso aburrido) D. Cherry que parecía no tener fin,para acabar con el calipso Don´t stop the carnival, un perfecto fin de fiesta que nos animó, dejándonos un buen sabor de boca. Finalmente quedó el poso de que el concierto había sido enorme, si bien, un par de días después, con un poco de reposo, queda como un muy buen concierto pero inferior al que ví hace 6 años en aquel mismo escenario.

Autor: Javier Ikaz

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