36º Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz: Stefano Bollani Trio

Stefano Bollani

El calor que hacía ayer martes en Vitoria era digno de mención. Sudaba hasta el coche, que aparqué frente a las piscinas, lugar idóneo para pasar la tarde, pero como la melomanía de uno empieza a ser preocupante, tomé la dirección opuesta y me introduje en un lugar, si cabe, más caluroso, para disfrutar de una sesión mázz, un año mázz a mi festival musical preferido, claro está el festival vitoriano de Jazz. Muchos habían sido los veranos que había asistido, madrugada a madrugada, en la2  a sus conciertos televisados y fue en 2006 cuando me animé a ir y ver ese cartel luminoso con publi de Iberdrola en vivo. Desde entonces al menos un día voy todos los años. Así que no estaba pensando precisamente en chapuzones y, empapado pero contento, entré al Polideportivo Mendizorroza.

Stefano Bollani es de esos nombres que te suenan mucho, así como de prestigio, que asociaba a mi querido Enrico Rava y que tocaba el piano. Poquito más, así que cuando ví que venía a Vitoria empecé a documentarme (youtube, spotify…) y descubrí muchos Stefanos Bollanis: el virtuoso pianista, extremadamente lírico, con una sensibilidad apabullante, el cachondo y mediático showman que no duda en hacer payasadas en la tele o en medio de un tema, el seductor mediterraneo, el jazzístico de club…..

Y es que este milanés es una caja de sorpresas, virtuoso y casi académico por un lado y todo lo contrario por el otro. Juega a “destocar” notas, como si pellizcase las teclas, bromea con sus compañeros daneses (Jesper Bodilsen al contrabajo y Morten Lund a la bateria), poniéndoles en apuros musicales, y éstos, desde su gelidez nórdica le siguen divertidos. Brota entonces la creación, la improvisación y, finalmente, el espectáculo. Música en estado puro, aunque esta expresión esté sobadísima.

Salieron a escena sonrientes, simpáticos y comenzaron con un tema del maestro Gus Kahn I´ll be seeing you, y el frío danés se unió al calor mediterraneo desde el primer minuto. Pasábamos de una cala a un club de jazz de Chicago. Siguió con una sorprendente versión de La tieta de Serrat, silbada, acariciendo unas teclas tímidas. Mendizorroza se volvió intimista. Con Caetano, una composición de Bodilsen, empezó el show humorístico, acabando el pianista de rodillas frente al instrumento, tratando de sacar sonidos de un botellín de agua, utilizando casi todo para esbozar unas percusiones y terminar cantando, imitando a Michael Jackson, un Billie Jean, quizás no tan celebrado como se esperaba. Y es que las bromas estuvieron bien, pero la gente esperaba que volviese a sentarse y retomase ese concierto que podía dar.

Afortunadamente lo hizo, y practicamente el show acabó en la versión del rey del pop, ya que después de acometer su propia composición Asuda, se atrevió con el Walkin´de Miles Davis, saliendo victoriosos. Para el bis se guardó una larga explicación-vacilada al público que acabó con Mi ritorni in mente, tema que da nombre al primer disco que realizó con los daneses. Concierto de nota, una elegancia que nos dejó a todos más que satisfechos.

Autor: Javier Ikaz

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