Amaral en el Palacio Euskalduna

Concierto de Amaral

Vaya por delante que, para mí, quizás el Palacio Euskalduna es el lugar de mejor acústica de todo Bilbao, pero también creo que es el más frío, peor pensado y distribuido, y en el que más pereza me da ir a un concierto. En dicho palacio pude ver a Bunbury, a Woody Allen, Elvis Costello, a Ry Cooder o a Rufus Wainwright entre otros, pero siempre me ha quedado la misma sensación de “perfección fría, distante”. Por eso me extrañó cuando vi que Amaral, a su paso por Bilbao vendría a tocar en dicha sala. Vaya por delante también que sin ser un seguidor fiel, a pesar de que por casa creo que andan todos sus discos, pienso que es éste un grupo más que notable en un panorama más que deficiente en ese terreno tan resbaladizo que se encuentra entre lo comercial y lo indie (malditas etiquetas). Otros ejemplos notables podrían ser Julieta Venegas o Vetusta Morla.

Pero sin entrar en el terreno fangoso y trillado de qué es comercial y qué es independencia, intentaré ceñirme a lo que presencié el sábado en aquel palacio (de hielo) frío. Una puesta en escena de lo más austera (si hablamos de la crisis bueno es ser consecuente), solo un pantallón trasero y los cinco miembros (guitarras, bajo y bateria). Unos ojos de lobo nos da la bienvenida, junto al eterno “All tomorrow´s parties” de la Velvet Underground. Por detrás van apareciendo los miembros de la banda, convertidos en sombras chinescas ante la algarabía del personal (gente de 0 a 99 años) que, sonrientes aparecen en escena dejando que Lou Reed y compañía acaben su himno para empezar ellos con los suyos. Y arrancaron con la canción que da nombre a su nuevo disco (Hacia lo salvaje).

Eva Amaral tiene un vozarrón impresionante, de un carisma y personalidad propia que, de tan personal, acaba pareciendo que canta una y otra vez la misma canción (algo que le ocurre a gente con voces personalísimas como Manolo García o J), algo de lo que seguramente ellos son conscientes, y que subsanan trabajando los arreglos y las letras (sí, pienso que sus letras están por encima de la media). Juan Aguirre es un guitarrista sobresaliente, de una timidez hasta encantadora, subsanada también por la ferocidad de Eva que no se está quieta en ningún momento en sus diversos acercamientos al público, a los que les sobran las butacas.

En cuanto al setlist, pues tocaron las 12 del nuevo disco, intercalándolas con temas de todos sus discos (Un día más, El mundo al revés, Cómo hablar, Sin tí no soy nada…..) y es que son tantos los hits de ésta banda que el concierto no desfalleció en las 2 horas y diez que duró, y la gente pedía “beste bat, beste bat” (otra más, otra más). Como parte negativa, quizás el tema de las proyecciones, muy pobres, en unas pocas canciones y que se basaban en dibujos de animales, en el más puro estilo de las láminas de Emilio Freixas (aquellas láminas de nuestra niñez) y algún que otro video sin apenas movimiento, como queriendo sugerir más que ilustrar.

Pero por lo demás muy disfrutable, con las entradas agotadas desde hacía tiempo y con un sabor de boca más que bueno. Esperando verles de nuevo y, a poder ser, de pie y poder bailar.

Autor: Javier Ikaz

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1 Comentario

  1. un poco raro ver a Amaral sentado… no?

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