Autobiografia del pop-rock, Brincos vs. Football

Los BrincosNo tengo ninguna duda de que todo mi, posible, conocimiento tanto en música, como en cine o literatura proviene de mi total indiferencia hacia el fútbol. Una indiferencia que durante una época llegó a ser aversión. Jamás jugué un partido en el colegio, a pesar de haberme apuntado al equipo por eso de la integración. Obviamente eso provoca un apartheid, que en un niño puede ser más o menos duro. No en mi lugar. Yo era feliz con mis libros, mis pelis y, por supuesto, mis cassettes. Cuando llegaba el verano íbamos a Uruñuela (La Rioja) y allí se repetía el proceso: los chicos se abandonaban a su obsesión por patear una esfera de cuero, mientras yo me abandonaba a mi obsesión de hacer trabajar a aquellas plaquitas de plástico que guardaba mi tio en el txoko (allí lo llaman whisky), y descubrir nueva música sin control.

La mayoría de dichas cassettes eran grabadas, con los títulos mecanografiados en cartoncitos hechos a medida de la caja, y las que eran originales, eran realmente piratas, con aquel sello de “Grabaciones originales” Allí descubrí los primeros singles (por entonces ignoraba que se llamasen así) en solitario de Juan Pardo; Busca un amor, Canciones, La charanga, Ayer ahora es hoy (tema que me produjo una extraña sensación la primera vez que escuché) y otras más. Aún hoy, escuchar aquellas canciones de Juan Pardo me conmueven de una manera especial. No mucho después comprobé que había vida antes de aquella cassette Basf, naranja o verde, no recuerdo ya, y que este gallego había sido el Juan de Juan y Junior y parte de ese prodigio patrio llamado Los Brincos.

Los Brincos fueron el mayor acercamiento nacional que ha habido jamás a The Beatles, a pesar de Los Mustang, traductores oficiales de los de Liverpool. Pero no eran una copia, ya que el proyecto de Fernando Arbex era mucho más. Ahora que decir que un grupo hace musica de fans es deshonroso, en los 60 de Los Brincos era un lujo que gozaban éstos con canciones más que dignas. A saber: Flamenco, A mí con esas, Borracho, Un sorbito de champán, Lola, Mejor, Renacerá… Pero también en inglés; Cry, Dance the pulga, I try to find, y en italiano, Piccole cose…

Y es que éstos vinieron para algo más que alegrar el silencio franquista, que teñía de gris las calles de una España, con Ñ mayúscula que se ahogaba. No aspiraban a construir la canción del verano, porque sus composiciones valían para cualquier estación del año. Después de dos discos homónimos que recopilaban todos sus singles, y tras la marcha de Juan y Junior, el grupo de Arbex alcanzó la madurez con el excepcional Contrabando, con magnífica portada del cineasta Ivan Zulueta. Los temas ya no eran tan ingenuos (El pasaporte, Nadie te quiere ya, Pequeño pájaro…) y fue el punto de inflexión que generó esa bomba de relojería, teñida de progresismo llamada World Devil and Body, disco incomprendido, incluso censurado, ya que en suportada original aparecían ¡desnudos!Más tarde se cambió por otra portada aún más perturbadora. Disco de sicodélia y LSD, tan de moda en aquella época, con temas instrumentales y títulos tan sugerentes como Kamasutra. Vamos, que Los Brincos habían dado ese último brinco mortal, valga la redundancia, hacia el abismo que trajo la inevitable separación. Pero muchos años después, siendo yo un niño, en aquel txoko (allí lo llaman whisky) Los Brincos se acababan de juntar para grabar para mí todas aquellas canciones.

Autor: Javier Ikaz

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