Guitarra, bajo, bateria y programación….ah! y Tricky

Tricky

Antes de empezar voy a confesarme; no soy un experto en Tricky. Es posible que pierda amigos en Facebook, y los comentarios en este blog sean negativos, y es que no se puede ser tan poco cool. Lo más cerca es el “Blue lines“, aquel disco prehistórico de Massive Attack, y ni siquiera es de los que más he oído en mi vida. Lo sé, no molo, y eso me duele sobremanera, no creáis. Pero presto a subsanar dicho error garrafal (como diría una maestra de colegio o algún tertuliano de Intereconomía) me dirigí a la sala Rockstar de Barakaldo.

Fue un martes, en una sala que me recibió vacía (¿20 personas? ¿30?) que asistió con complicidad a los teloneros, Beat Less, que facturaron un reggae-dub-soul bastante elegante. Pero el problema sigue siendo mío: el dub me amuerma más que leer en la cama. Reconozco que un ratito me gusta, pero mucho…. Pero bien, porque los teloneros fueron breves y buenos. Y comenzó la espera. Tres cuartos de hora que no son nada si estás solo en una sala cuya música de fondo, como para entrar en calor, es dub-dub-dub. “Muy bien chico” me dije “si tarda cinco minutos más te largas y que le den”. Y creo que mi pensamiento atravesó la tupida nube cannabítica del camerino, porque aparecieron de pronto.

Y aquí llega el primer síntoma de que me estoy haciendo muy viejo y cascarrabias: yo no soy fumador, pero no entiendo por qué no se puede fumar en los bares o en el trabajo si no eres un “artista”, ya que Tricky salió a escena con un porro del tamaño de un micrófono y no precisamente escondiéndolo, sino usándolo casi como botafumeiro. La sala Rockstar es un bar y Tricky está trabajando…¿No? Me sorprendió gratamente que 4 de los 5 integrantes de la banda de acompañamiento fuesen mujeres (qué triste que me tenga que sorprender ésto, rockeras del mundo uníos! como diría el nonagenario Stephan Hessel, indignaos!!). Lo que no me sorprendió es que un sonriente, pero ególatra Tricky se quitase la chaquetilla dejando su tableta de chocolate tatuada al aire, un tanto viciado por su propia trompeta. Y empezaron a tocar y Tricky se tomó su tiempo para fumarse entero el porro de espaldas al público, únicamente bailando como un usuario de Pacha.

Es cierto que cuando cogió el micrófono se convirtió en una máquina y dejó de ser el monstruo de las galletas para convertirse en el monstruo de los escenarios, pero… ¿por qué hace tan poco en el escenario? La chica que cantaba tuvo más protagonismo vocal que él, aunque todas las miradas íban al Pocholo tatuado que se meneaba como si tuviese incontinencia. Y en la segunda o tercera canción mandó subir a gente al escenario para improvisar un Ace of Spades de Motörhead, un momento realmente especial, y seguramente inolvidable si no lo hubiese hecho otra vez justo antes de acabar.

Ayer comenté a un colega cuando me preguntó qué tal, que muy bien, pero que estaba harto de los conciertos-degustación, y es que el evento no pasó de la hora y cuarto (las entradas oscilaban entre 25 y 28 euros), de los cuales la actuación de Tricky (no de su banda que cumplieron como jabatos todo el rato) no creo que llegase a 40 minutos, aunque como maestro de ceremonias no tiene igual. Supongo que su caché no será desdeñable, por lo que, cuando me pregunten que quiero ser de mayor ya no voy a decir que quiero ser futbolista. Sin duda de mayor quiero ser Tricky. Y tener esos abdominales.

Autor: Javier Ikaz

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