Moonrise Kingdom (Wes Anderson, 2012)

Cartel de la película Moonrise KingdomPues sí, hay vida más allá de El fantástico sr. Fox, la deliciosa película rodada con la técnica stop motion (técnica de la que soy fan declarado) esa de los animales, que Wes Anderson hizo hace dos años, ya que tenemos nueva entrega de una de las filmografías más singulares y reconocibles del nuevo cine. El nuevo film-invento del bueno de Anderson se llama Moonrise Kingdom y vuelve a ser más de lo mismo; practicamente el reparto de siempre, la estética es más que reconocible, ese humor socarrón y un tanto deprimente. Y de nuevo vuelve a funcionar.

Wes Anderson sabe muy bien lo que quiere y lo que gusta a la gente, sabe qué esperan de él sus fans y no se complica la vida; policromía almodovariana (¿o andersoniana?), personajes excéntricos, deprimidos, contradictorios y al límite, historias que hacen gracia de puro tristes que son, ese juego con lo retrocool, ese toque lomo a la fotografía, esas bandas sonoras reconocibles por los melómanos entre 30 y 40 años. Y todos esos ingredientes dan un coctel irresistible y te crees ante la mejor película del año. Y siempre pasa igual con su cine. Pero obviamente no es así, Moonrise es inferior a sr. Fox y ésta es bastante inferior a los Tennenbaums.

¿Está acabado Anderson? ¿No tiene nada nuevo que contar? No lo creo, pero tampoco creo que sea el genio que tan alto se proclama a los cuatro vientos. Tiene un estilo personalísimo, algo muy difícil de conseguir, firma y filma películas estimables y por encima de la media, pero empieza a mostrar signos de repetición (no se puede ser siempre tan original).

No obstante es maravilloso ver a Bill Murray, a Frances McDormand, a Bruce Willis o Tilda Swinton, muy serios entre tanto delirio. La música de Hardy sienta como anillo al dedo a una historia de amor juvenil, con campamentos y playas de por medio. ¿La historia? No es importante, lo realmente digno de señalar es que durante la hora y pico de función una sonrisa no se deja desdibujar, y resulta apetecible ser un boy scout caqui, aunque solo sea para subirse a la caseta del árbol.

Autor: Javier Ikaz

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