No (Pablo Larraín, 2012)

Posiblemente sea una de las películas, a nivel de presupuesto, más pequeñas del año que acaba de acabar, sucia, fea, que parece hecha con la cámara de vídeo más barata y vieja de Chile, en cambio tiene uno de los guiones más inteligentes, brillantes, con centenares de recovecos que la hacen una de las más interesantes y grandes del año que acaba de acabar.

Una búsqueda constante de lo anticool que la convierte en lo más moderno y coherente, teniendo en cuenta la época en la que está enclaustrada (1988). Cine-lingote de oro envuelto en plástico barato y cutre, con desenfoques, zooms y destellos como de película mala emitida en televisión local.

Pablo Larraín contruye un pedazo de su Hisoria, que es la de la propia Chile, una Historia silenciada, que bien pudiera haber filmado el Costa-Gavras más inspirado. Cine-denuncia, cine-político, del que ya no se hace, arriesgado, contra la taquilla, no contra el espectador que, curiosamente, está nominada a los Oscar. Ojalá se lleve la estatuilla.

Una película en la que es imposible estar en desacuerdo. Brillante desde su cutredad, con unas interpretaciones sublimes y un manejo de la cámara casi documental. Olvídense de filtros, de bellezas buscadas, de planos sublimes, esto es la realidad señoras y caballeros. Bienvenidos a la más cruda y fascinante realidad. Pablo Larraín, desde su modesto presupuesto ha hecho una de las mejores películas de 2012.

Autor: Javier Ikaz

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