Pat Martino en la Sala BBK

Pat MartinoA pesar de ser un recurso fácil para empezar cualquier narración, resulta que la noche era lluviosa, de esas lluvias molestas porque no ofrecen treguas. Menos mal que la noche se presentaba completita y “bajo techo“. Y la primera cita era en la tan querida Sala BBK, que tan amplia, ecléctica e interesante oferta consigue mes a mes, ya que aquella noche lluviosa, y dentro de la serie Masters at Work, tocaba Pat Martino, un guitarrista de jazz, virtuoso y con una gran historia detrás. Lástima que finalmente sea más reconocido por lo del aneurisma cerebral que sufrió hace treinta años y que le hizo olvidar cómo se toca una guitarra, algo que solventó escuchando sus propios discos. Una anécdota impresionante y casi de leyenda urbana de la música. El caso es que aprender a tocar la guitarra de sus propios discos no es mala idea, ya que lo que hace en directo es alucinante.

El guitarrista de 68 años, extremadamente alto y flaco, se presentó serio, apático, en formato trío (batería y Hammond) y se dedicó a tocar un tema tras otro, ignorando al público al que no miró en ningún momento. Sé que éstas cosas deberían estar superadas, pero no puedo evitar que me siga molestando que un músico salga a escena y no diga ni hola. De hecho, tras su primer solo, cuando la gente aplaudió, aplaudimos, nos mandó parar porque estaba tocando el del Hammond, algo que puede ser entendido como solidaridad con su compañero pero que, personalmente me sentó mal. de hecho la gente no se atrevía a aplaudir ningún solo.

Los temas sonaban perfectos, tres virtuosos, el Hammond con ese toque easy listening, la batería como contrapunto rítmico y esa guitarra cálida y nocturna que, no obstante acabó resultando monótona y en ocasiones, aburrida. Y fue a la hora cuando Pat Martino cogió el micro para presentar a sus colegas y decir que iban a tocar una versión del Round midnight de Thelonious Monk. Fue la primera y última vez que se escuchó su voz, ya que ni agradecía los aplausos. Lo sé, estoy hablando demasiado sobre su actitud más que sobre su música, que fue sobresaliente. De hecho está considerado como uno de los mejores guitarristas de jazz del momento. Y sí, el concierto fue soberbio, lástima que la siguiente cita empezaba justo seguido y no pude quedarme a ver el bis. Eso sí, 80 minutos que si bien no se quedarán en la memoria sirvieron para entrar en calor y secarme un poco.

Autor: Javier Ikaz

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