Photomaton. Enrique Jardiel Poncela

Enrique Jardiel PoncelaInauguro sección con una personalidad muy poderosa en mi día a día, y es que Enrique Jardiel Poncela es el escritor que todos deberíamos ser, aunque no nos dediquemos a las letras. Me refiero a que todos deberíamos tener esa querencia que él profesaba por las palabras, su sentido, más allá de lo que puede vislumbrar un diccionario. Al igual que el pintor René Magritte decía que los nombres de las cosas (pipa, hoja, cañón, ventana) no son tan poderosos como para que los objetos no se puedan llamar de otra forma, Jardiel Poncela nos enseña que las situaciones se pueden vivir, sentir, sufrir o disfrutar siempre de otra manera. Y ahí radica lo que en muchas ocasiones se ha llamado, para mí de manera errónea, el humor absurdo. Porque a menudo se llama humor absurdo o humor inteligente a lo mismo. Por lo que deberíamos deducir que lo inteligente es ser absurdo. Bueno, ahí quizás esté más de acuerdo. Entiendo perfectamente los juegos de palabras literarios de Poncela, sus diálogos descabellados, la fragilidad que tiene la sonoridad de una palabra, que permite que una leve alteración cambie radicalmente su sentido y provoque un pequeño (y para mí gozoso) caos.

Enrique Jardiel Poncela nació y murió en Madrid, por ese orden, primero nació en 1901 y después murió en 1952, y en esos breves 51 años revolucionó la escena española, y digo bien escena, ya que el grueso de su obra eran obras a su vez teatrales. Una infinidad y todas interesantes; Achanta que te conviene (1925), Usted tiene ojos de mujer fatal (1932), Angelina o el honor de un brigadier (1934), 4 corazones con freno y marcha atrás (1936), Eloísa está debajo de un almendro (1940), Los ladrones somos gente honrada (1940), El sexo débil ha hecho gimnasia (1946) y muchas más y consiguió que todas se representasen. A menudo la escenografía era original y avanzada a su época, si bien no todo el mundo entendía ese humor fino, mordaz y adelantado.

Colaboró en prensa, realizó un buen número de guiones para el cine (a menudo versiones de sus libros), escribió infinidad de relatos cortos, ensayos, y solo 4 novelas; Amor se escribe sin hache (1928), Espérame en Siberia vida mía (1930), Pero…¿Hubo alguna vez once mil vírgenes? (1931) y La tournée de Dios (1932). Pero como era de esperar tanto adelanto no puede ser bueno y sufrió mucho desentendimiento y si a eso se le añade la censura franquista la consecuente ruina era de esperar. Falleció de un cáncer y arruinado. Pero su nombre quedará para la eternidad como una de las personalidades más interesantes de nuestra literatura. Divertido, experimentador nato, y muy literario. Levanto la copa por él.

Autor: Javier Ikaz

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3 Comentarios

  1. Leer las obras de este hombre y morir de sobredosis literaria… Muy grande!!

  2. es la mejor muerte posible, qué digo? es La Muerte.

  3. Un genio este Jardiel. Humor con H mayúscula, un arrollador teatro lleno de imaginación, inteligencia, gracia y color. Un gozo para la mente y los sentidos (sobre todo para el sentido del humor)

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